Anne Hidalgo: “Las ciudades están protagonizando una revolución que los Estados aún no saben cómo gestionar”

La alcaldesa de París defiende el liderazgo de las ciudades frente al cambio climático, la movilidad sostenible y la crisis de representación política. “No podemos quedarnos parados”, afirma.

Las grandes ciudades del mundo están viviendo una transformación profunda. No se trata únicamente de una transición tecnológica o de una nueva manera de desplazarse. Para Anne Hidalgo, alcaldesa de París durante más de una década y una de las figuras más influyentes del movimiento global de ciudades agrupadas en el C40, lo que está ocurriendo es una auténtica “revolución urbana” que está redefiniendo la política, la economía y la convivencia social.

“Estamos en un mundo globalizado y nuestras grandes ciudades son las primeras en experimentar esta revolución”, sostiene. A su juicio, la urbanización acelerada, la digitalización y la crisis climática están convergiendo en un mismo escenario: las metrópolis.

Las ciudades, explica, reciben tanto a los beneficiarios de la globalización —jóvenes altamente capacitados, profesionales creativos y emprendedores— como a quienes han quedado excluidos de ella. Migrantes, refugiados y sectores vulnerables llegan buscando oportunidades y protección. Esa realidad convierte a los gobiernos locales en la primera línea de respuesta frente a desafíos que trascienden las fronteras nacionales.

“Los alcaldes observamos lo que está ocurriendo, actuamos y enfrentamos problemas que son cada vez más globales”, afirma.

El clima como eje de todas las políticas

Aunque el C40 nació como una alianza de ciudades comprometidas con la lucha contra el cambio climático, Hidalgo insiste en que la agenda ambiental no puede entenderse de manera aislada.

“Hablar de ecología es hablar de economía, pero también de justicia social y de solidaridad”, señala. “No se puede abordar el cambio climático dejando de lado a las personas”.

Desde esa perspectiva, la movilidad, el espacio público, la vivienda y la calidad del aire forman parte de una misma estrategia. La alcaldesa considera que los gobiernos locales han logrado avanzar porque operan en una escala más cercana a la vida cotidiana de los ciudadanos, mientras que los Estados nacionales suelen encontrar mayores dificultades para traducir los grandes objetivos en políticas concretas.

Gobernar implica enfrentar resistencias

La transformación urbana, sin embargo, tiene costos políticos.

Peatonalizar calles, restringir el uso del automóvil o modificar patrones de movilidad genera resistencias de grupos económicos, sectores conservadores y ciudadanos que perciben esos cambios como una amenaza a sus hábitos de vida.

“Hay personas que no saben vivir sin utilizar su coche o que sienten que no pueden hacerlo”, reconoce.

Pero para Hidalgo, la tarea de un gobernante consiste precisamente en impulsar cambios que, aunque inicialmente resulten impopulares, respondan al interés colectivo de largo plazo.

“Cuando una decisión tiene sentido, ese sentido puede compartirse con la ciudadanía”, afirma. “Hay que hablar a la inteligencia de los ciudadanos y no a sus miedos”.

La alcaldesa sostiene que esa convicción es compartida por numerosos líderes urbanos del mundo, desde América Latina hasta Estados Unidos y Europa, que enfrentan debates similares sobre movilidad, contaminación y recuperación del espacio público.

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París como laboratorio de innovación urbana

En Francia, donde el poder político tradicionalmente se concentra en el gobierno central, París mantiene una capacidad singular para influir en el resto del país.

Hidalgo considera que la capital francesa continúa siendo una ciudad inspiradora, no solo por su patrimonio cultural, sino por su capacidad para experimentar nuevas políticas urbanas.

“Los parisinos se sienten orgullosos de que París siga siendo una ciudad de innovación y de cambio”, señala.

Esa influencia trasciende incluso las diferencias ideológicas. La alcaldesa destaca que los gobiernos locales franceses colaboran en temas urbanos independientemente de si están gobernados por la izquierda o la derecha.

Una relación estrecha con Ciudad de México

Durante la entrevista, Hidalgo recordó la cercanía construida con la Ciudad de México durante la administración de Miguel Ángel Mancera.

Según explicó, el entonces jefe de Gobierno fue uno de los primeros líderes locales en visitarla tras su elección en París. A partir de entonces surgieron acuerdos de cooperación en ámbitos tan diversos como la innovación digital, el turismo y la movilidad urbana.

Uno de los proyectos destacados fue el intercambio de experiencias en materia de incubadoras de empresas tecnológicas y emprendimientos vinculados a la economía digital.

También hubo colaboración en estrategias de movilidad sostenible, transporte público y combate a la contaminación atmosférica, un problema compartido por ambas metrópolis.

La batalla contra el diésel

Uno de los temas donde Hidalgo muestra una posición más contundente es el uso del diésel en las ciudades.

La alcaldesa sostiene que existe evidencia suficiente sobre los efectos nocivos de este combustible para la salud pública y considera que los gobiernos locales deben actuar con mayor rapidez.

“Estamos comprometidos para que el diésel desaparezca de nuestras ciudades”, afirma.

Su propuesta consistía en impulsar una coalición internacional de alcaldes con el objetivo de prohibir progresivamente los vehículos diésel en los principales centros urbanos del mundo. La motivación, explica, es sanitaria antes que ideológica: la contaminación atmosférica provoca miles de muertes prematuras cada año.

Las ciudades dentro de veinte años

Cuando imagina el futuro, Hidalgo describe ciudades más verdes, más compartidas y menos dependientes del automóvil privado.

La movilidad, asegura, estará basada en bicicletas, transporte público eficiente y sistemas de uso compartido. La posesión individual del coche perderá importancia frente a modelos más flexibles y sostenibles.

Pero la transformación no será únicamente tecnológica.

Las ciudades deberán incorporar más árboles, parques y espacios abiertos para adaptarse a los efectos del calentamiento global. El agua, advierte, será uno de los recursos estratégicos del siglo XXI y exigirá nuevas formas de gestión urbana.

“Tenemos que prepararnos para los cambios climáticos incluso mientras trabajamos para limitar el aumento de la temperatura global”, señala.

La biodiversidad urbana, la calidad del aire y la resiliencia frente a fenómenos extremos formarán parte de las prioridades de las próximas décadas.

Recuperar la confianza en la política

Más allá de la sostenibilidad, Hidalgo identifica un desafío de fondo: la pérdida de confianza ciudadana en las instituciones democráticas.

En su opinión, los gobiernos locales tienen una responsabilidad especial para reconstruir esa credibilidad.

“No hay que tener miedo. Hay que estudiar, dialogar, colaborar y explicar las decisiones”, sostiene.

La política municipal, concluye, ofrece una oportunidad para reconectar la acción pública con la vida cotidiana de las personas. En una época marcada por la incertidumbre y las tensiones globales, las ciudades aparecen como laboratorios donde se ensayan respuestas concretas a problemas cada vez más complejos.

Y es precisamente ahí donde Hidalgo sitúa el futuro de la gobernanza: en alcaldes capaces de actuar, convencer y transformar, incluso cuando el cambio implique enfrentarse a inercias profundamente arraigadas.