miércoles, 28 de mayo de 2014

Lo personal es político

Por Héctor Zamarrón @elmanubrio
 “Uno es responsable de sus actos” suelen decirnos cuando nos volvemos adultos, como si fuera un rito de transición, un rito de pasaje, pero ¿eso también aplica para nuestra seguridad en la bicicleta?
Tiendo a responder que sí, que no hay mejor manera de cuidarte en la calle que siendo responsable de ti mismo, para saber cómo te proteges, cuánto te arriesgas, para tentar tus límites y tus carencias una vez que vuelas sobre tu caballo con ruedas.
Sólo que de inmediato cambio de opinión cuando recuerdo la primera bicicleta blanca que pusimos en la ciudad de México, en 2009, por la muerte de Liliana Castillo, una joven fotógrafa e ilustradora de 23 años que tenía una vida de cuento hasta que un automovilista cortó su existencia (bit.ly/lilicast).
Sí, la obligación de cuidarnos es personal, pero socialmente tenemos una tarea mal hecha, con décadas de faltas cívicas que corrompen las normas mínimas de convivencia. Falta un poco, o más bien un mucho, de respeto al reglamento de tránsito, pero ¿cómo hacerlo en una ciudad donde desde los años ochenta se dejaron de aplicar multas a los automovilistas, dizque para evitar la corrupción de los agentes de tránsito?
Sí, quizá se logró disminuir la corrupción, pero a costa de qué. ¿Cuántas muertes y accidentes de tránsito pudieron haberse evitado si tuviéramos la cultura de respeto al peatón que sí existe en las ciudades del norte de México, como en todas aquellas pegadas a la frontera con Estados Unidos?
En un país donde los accidentes de tránsito provocan pérdidas por el equivalente al 1.43 del Producto Interno Bruto y donde el mismo año en que murió Liliana hubo más de 430 mil accidentes de tránsito y casi 6 mil muertes (datos del INEGI), la seguridad de quienes nos movemos en bicicleta no puede ser sólo personal.
Urge pues presionar, exigir, demandar, proponer medidas para el cuidado de peatones y ciclistas. Desde ciclovías seguras hasta carriles compartidos, apaciguamiento del tránsito en zonas donde el límite de velocidad sea de 30 km por hora, una política pública seria de protección a la vida en el tránsito: desde cursos obligatorios para choferes de transporte público que incluyan al ciclismo urbano como un nuevo actor, hasta exámenes de manejo y aplicación seria del reglamento de tránsito.
Son sólo unas cuantas ideas pero estoy seguro que nadie quiere una bicicleta blanca más en la ciudad ni despertar como en ese cortometraje de Luis Galvis  “3:38 hrs.”, donde el personaje arrolla a un ciclista en la madrugada y nunca más puede dormir después de esa hora (bit.ly/BFF338).
Entonces si de seguridad hablamos, en este caso lo personal pasa a ser político, es tarea social de la que ningún actor público en la sociedad puede escapar. Al resto, a nosotros los ciudadanos, nos toca exigir, cumplir y rodar sin miedo por las calles de nuestra ciudad.

Publicado en Cletofilia Núm. 3, enero 2014

sábado, 9 de noviembre de 2013

When the road ends

Jorge Sequeiros, director del BFFMX, y Brent Barbur
El mismo Brent Barbur en la puerta de la sala nos despidió uno por uno mientras salíamos de la primera función del Bike Film Fest, como si quisiera cerciorarse que la selección de los cortometrajes recién vistos hubiera tenido un efecto en nosotros y no deja de asombrarme la pasión que este neoyorquino le pone a su creación a pesar de que ha pasado más de una década en que transformó la mala experiencia de haber sido tirado de la bici por un autobús, en algo tan positivo como este festival.

La sala en el Museo Tamayo estaba repleta a pesar que una buena amiga Adriana, de @lacebollamorada, expresaba su impresión de que veía poca gente al llegar (por cierto, ella hace la mejor cochinita pibil en la ciudad y aparte de su local en la Condesa acaba de abrir una sucursal en la Zona Rosa, así que no dejen de ir).

Este es apenas el segundo Bicycle Film Fest en México y la vedad al paso que le ha imprimido Jorge Sequeiros @BFFMX, su director, y el grupo que trabaja duro en traernos esta experiencia, cada vez tendrá más éxito. Nomás como primicia, este noviembre el festival se irá a Guadalajara, así que quienes estén por aquellos lares podrán disfrutar el mismo programa que los chilang os tuvimos oportunidad de disfrutar este fin de semana.


Tras la inauguración del JoyRide Artshow

La selección puede dar la impresión de ser caótica pero en realidad tiene una secuencia que va elevando el punto de atención hasta que al final te quedas con una sonrisa en la boca y no quieres dejar la sala. Así nos pasó con The Road from Karakol de Kyle Dempster, la historia de un viaje en bicicleta por el Kirguiztán que, con el pretexto de recorrer los viejos caminos soviéticos en esa ex república comunista, se extravia en una aventura que llena de humor reta límites personales.

O los momentos hilarantes que provoca The Ciclyst y esa adorable mujer capaz de reconocer su bicicleta en todos lados. Agrupados bajo el tema Cinematic shorts, este fue sólo el primero de los cuatro programas del festival, así que aún habrá mucho más en esta edición del festival.

There is always only one question:
When the road ends, will you keep pedalling?


PD. Les dejo unas fotos de la exposición que acompaña al festival y que puede visitarse en la galería Prophaeta, Alvaro Obregón 94, Roma Norte.









Afuera de la galería.

La bici de El Manubrio.


lunes, 28 de octubre de 2013

A mi perro no le gustan las bicis


Max es casi tan viejo como mis bicicletas, bueno, un poco más. Es un perro simpático aunque la edad lo ha vuelto algo quisquilloso. Sin embargo, conserva la fuerza de joven, salta aún con enjundia al saludar y es bastante conocido entre mis amigos y familiares.
     Max es pequeño y se escabulle por cualquier rincón, claro, no llega a ser del tamaño de un chihuahueño pero tampoco se acerca a la altura de un labrador, como me hubiera gustado.
     Llegó a la casa casi sin querer, como llegan la mayoría de los cachorros a sus hogares. Sí estábamos buscando un perro, incluso comparábamos razas y evaluábamos si nos alcanzaría para comprar el perro ideal. En ese proceso, un día la Nana Vicenta se apareció por la casa con un cachorrito en su vieja bolsa de mandado, esa de malla de plástico de colores que ahora adoptaron los hipsters con estampados de la Guadalupana y cosas así.
     Como era de esperar, bastó que mis hijos vieran ese cachorro para que se enamoraran de él. Fue amor a primera vista, de esos que en lo personal insisto en negar que existan. Ya no hubo forma de arrancárselos de los brazos y lo que siguió fue bautizarlo. Mi hijo mayor decidió nombrarlo Maximiliano y, como todas las familias gozan de un apellido, optó por endilgarle el Pegasus y así fue como “Max” se hizo de un lugar en nuestra casa.
     Max, por supuesto, es un perro cómodo. Es tan pequeño que el patio de la casa podría bastarle para llenar su necesidad de correr y husmear entre plantas, llantas de bicicleta y botes de basura. Su natural curiosidad e inquietud, sin embargo, hacen que al menor sonido de la puerta corra hacia ella y, en un descuido, se cuele a la calle hasta que un grito bien dado lo frena y lo obliga a regresar a su hogar con la cola entre las patas.
     Nunca aprendió a recoger y jugar con nosotros a la pelota. Si le da por ir hacia ella, jamás la regresa a su amo, en el mejor de los casos. Lo usual más bien es que tras observarnos lanzarla, tuerza el hocico hacia otro lado y nos mire con una estudiada indiferencia.
     Cuando cachorro solía destrozar el periódico y arruinar mi café de la mañana por el coraje de ver los esfuerzos editoriales de la noche anterior tan severamente juzgados, como quien diría que los diarios no sirven para bendita la cosa. Luego dejó de morderlo y hacerlo trizas, pero comenzó a orinarlo, cosa horrenda pues con tal mancha amarilla en medio de la foto de portada o, a veces, sobre la columna del director, pues las cosas empeoraron.
     A base de levantarme en cuanto pasaba el repartidor y soltarle algunas regañizas el perro comenzó a respetar mi periódico, faltaba más, pues que tu perro destroce el periódico que la noche anterior te esforzaste en editar es deprimente.
     Establecidos los límites, con Max comenzó una luna de miel y un matrimonio bien avenido, esto es, con sus momentos de alegrías, enojos, etcétera.
     Max, pues, sería el perro perfecto excepto porque no le gustan las bicicletas. Por más que trato de hacerle entender que ellas son una verdadera pasión para mí, él se queda tan asustado por esos gigantes de dos ruedas que avanzan con rapidez.
     Antes, además, también les ladraba a mis bicicletas. Con enojo, sorpresa y hasta algo de desesperación que se incrementaba si la bicicleta se movía, como si el rodar de las llantas fuera motivo suficiente para desquiciarlo.
     No obstante, ante la inutilidad de sus esfuerzos --pues nunca consiguió que abandonara mis artefactos preferidos—dejó de hacerlo y ahora sólo las observa receloso y con una precaución digna de otros objetivos.
     En realidad no debería extrañarme tanto su desapego, o más bien, su recelo ante las bicis pues en los pueblos bicicleteros es lo que se estila, que los perros les ladren a las bicicletas. Si un perro se respeta lo bastante frente al resto de la jauría del pueblo, tiene que ladrar con enjundia a los ciclistas que crucen frente a su hogar, además de perseguirlos unos cuantos metros, claro está,  faltaba más.
     Si sólo fuera esos ladridos que después intercambió por su recelo, no habría tanto problema. Pero eso, como podrán imaginar, no es todo.
     Un buen día comenzó a orinar sin piedad las llantas de la bici. Una mañana el perro elegía la llanta delantera para cebarse en ella y, al día siguiente, optaba por la trasera. Había ocasiones –bueno, en realidad debo decir hay, pues Max aún vive y no ha dejado de manchar mis neumáticos—en que dejaba un verdadero lago al pie de la bici. Con el paso del tiempo, a veces son sólo gotitas, como si le fallara la próstata, supongo, aunque quizá los perros no debieran sufrir lo que sus cóngeneres humanos.
     También eso sería mal que bien soportable. No cambiaría a mi perro por la bici ni viceversa. Ambos tienen que firmar un armisticio y darse la mano como amigos. Es un buen deseo, claro, imposible de cumplir.
     Lo que me parte de verdad es verlo huir de mí cuando llego en las noches a casa, al volver del trabajo. Si de por sí le teme a la bici, ignoro qué pensará al verla llegar de noche con senda lámpara frontal deslumbrando sus ojos sensibles, maltratados por la intermitencia de los leds, blancos adelante, rojos atrás, cual si se tratara de una nave espacial o cualquier figura inconcebible para él.
     Me gustaría verlo brincar de gusto, como hace cuando llego a pie, y no que me rehúya y corra a su rincón en busca de refugio y seguridad ante ese extraño caballo de acero, con llantas, luces y rayos en las ruedas, que transporta a su amo.
     Pero como no puedo resignarme a dejar mi bicicleta sólo porque al caprichoso de Max le resulte insoportable, opto por suavizar mi llegada apagando luces, quitándome el casco, desmontando la bici y procurando ser lo menos agresivo posible.
     Eso nos ha permitido alcanzar un acuerdo mínimo, quiero pensar, que nos hará vivir felices uno al lado del otro a pesar de las incomodidades, pero ¿qué no es así la vida? ¿o no? Llena de esas ambivalencias que nutren nuestros días, llena de paseos en bicicleta, por supuesto, pero también de ladridos.

De mi Schwin, por supuesto


 pero también de Max. 

miércoles, 16 de octubre de 2013

La movilidad y sus congresos

Hace años que comenzamos la pelea por ciudades humanas, nadie hablaba de movilidad ni de transporte sustentable. Aun nosotros que comenzamos estas batallas, nos referíamos al tema como el derecho a la ciudad, a sus calles, al aire limpio. Pero poco a poco el término fue abriéndose paso, como un avance conceptual que integraba esas demandas desarticuladas.
Ahora, en contraste, tan se ha puesto en boga que por cualquier parte se habla de movilidad, incluso en Twitter hallé un meme que dice así: "¡Deja de hablar de movilidad sustentable con quien ya lo sabe, convence a tu mamá, es más difícil!" (@lanzalsa).
Parte de la responsabilidad de haber puesto el tema de la movilidad en la esfera pública recae en dos organizaciones que llevan más de una década dando la pelea por estos temas: el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo y el Centro de Transporte Sustentable. En este post, quiero hablar del segundo y, sobre todo, del congreso anual que organiza desde hace nueve años.
Para su Noveno Congreso Internacional de Transporte Sustentable que se llevó  a cabo esta semana en la Ciudad de México, el CTS Embarq me invitó a participar dentro del comité de selección de ponencias junto a un reducido grupo de expertos.
La primera sorpresa fue cuando recibí el archivo con más de un centenar de propuestas de participación provenientes de México, Estados Unidos y América Latina, sobre todo. Había que revisar los abstracts de cada una y proponer un formato de participación adecuado al tema y, si no cumplía con los requisitos, rechazarlos.
Ahí me enteré de la existencia de un formato de participación interesante llamado PechaKucha, donde cada presentador dispone de un máximo de 6 minutos con 40 segundos –es un aproximado por supuesto— para presentar veinte láminas de su power point durante 20 segundos cada una. Se trata de un formato que en casos como éste, busca dar espacio al mayor número de ponentes pero al mismo tiempo garantizando un nivel permanente de atención e interés en el público y así acabar con las presentaciones eternas e inacabables.
Fue algo complejo el trabajo, pero muy ilustrativo de por dónde vienen los temas de la movilidad y agradezco a Magolis Briones, Rodrigo Díaz y Salvador Herrera la oportunidad.

Con Peatonito en la entrada del IX Congreso Internacional de Transporte Sustentable.


Ya cuando esta semana me tocó asistir al Congreso y vi los resultados me sentí contento por el trabajo realizado, pero me gustaría más hablar de cómo me impactó, por ejemplo, la ponencia inaugural de Enrique Norten, el arquitecto mexicano quizá más conocido en el mundo y que vive a caballo entre Nueva York y la Condesa. En unos cuantos minutos nos habló del auge y decadencia de las ciudades y, sobre todo, de cómo algunas logran reinventarse mientras que otras no lo han logrado. Nueva York entre las primeras, Detroit y Nuevas Orleáns, de las últimas.
También destaco la oportunidad de escuchar a funcionarios públicos interesados en la movilidad y comprometidos con un cambio de visión hacia los temas por los que peleamos, como Dhyana Quintanar, directora general de Transporte de la ciudad de México, o como Coitxico, del Metrobús, o Iván de la Lanza, responsable de la Estrategia de Movilidad en Bicicleta.




Un Congreso así permite asomarse a trabajos interesantes, como el de Lucía Corral en Urbanería, o a los proyectos para Zacatecas, Guadalajara, Puebla, Colima y muchas ciudades más, por lo que resulta fácil imaginar con cuanto optimismo sale uno de ahí.

martes, 8 de octubre de 2013

La bicicleta le interesa hasta al BID

De un tiempo para acá, la popularidad de la bicicleta ha llevado a que volteen a verla con seriedad desde todas partes de la sociedad y lo último con lo que me topé es que hasta al Banco Interamericano de Desarrollo está pendiente de lo que ocurre con el fomento de la bici en las ciudades.
Acá les dejo copia de un estudio que se dio a conocer en mayo pasado, con base en una encuesta que hizo un grupo de estudiantes de la American University School of International Service de Washington en 18 ciudades emergentes de América Latina (sí, sí está la ciudad de México entre ellas y también La Paz, Baja California).

El estudio se llama Biciudades: un estudio regional acerca del uso de la bicicleta como medio de transporte en América Latina y el Caribe, está basado en el Manual de Ciclociudades que hizo el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo  y aquí está el texto en PDF:


Pero esto no es lo único que está haciendo el BID en materia de impulso a las bicicletas. Hace poco lanzó la iniciativa de Biciudades y su club de BIDCiclistas, con la idea de visibilizar a quienes usan este medio de transporte.
Si les gusta, pueden seguirlos en Facebook: https://www.facebook.com/biciudades
y aquí un ejemplo de los videos que están subiendo.




lunes, 7 de octubre de 2013

La voz de la Tierra: SIERRA DE IRTA EN BICI

Hablan el mismo idioma pero leerlos o escucharlos suena ¡tan extraño! Su geografía, los acentos, los curiosos nombres de los pueblos, el uso de los tiempos verbales, uf, de repente, parecería como estar en otro planeta hablando con marcianos, pero al final, lo que nos hermana es la bicicleta y ese gusto, un tanto solitario, por montarla y recorrer kilómetros y kolómetros de caminos hace que nos acerquemos y disfrutemos de crónicas como estas..
Es un blog español que me topé esta noche y del que comparto dos entradas. Enjoy!


La voz de la Tierra: SIERRA DE IRTA EN BICI:  Pequeña alineación de baja montaña paralela al mar castellonense; Irta es un reducto que con la figura de Parque de Natural y Reser...

La voz de la Tierra:                                       CICLOTURISMO...:                                        CICLOTURISMO UNA MANERA DE VIAJAR                             Viajar en bicicleta es recuperar la n...

viernes, 27 de septiembre de 2013

Utilidad o belleza

Cuando la elegancia no es la preocupación en materia de bicicletas, como en la vida, a veces lo que importa es el el valor de uso que le damos a las cosas.
Aquí no se trata de una luz de leds, no se mide su desempeño en lumens, como si habláramos de una sofisticada lámpara de Cateye, sino de la función esencial de una lámpara, iluminar, sea para que te vean o para ser visto.
Tampoco hablamos de una parrilla fancy con una caja de súper, sino de cumplir las necesidades esenciales, basta adaptar una pequeña caja de plástico rígido y voilá, nuestro velocípedo tendrá alas para volar con su carga a donde se requiera.
Así que a veces, la belleza se encuentra en lo simple ¿o no?

martes, 24 de septiembre de 2013

El otoño de la bici que parece primavera


Este domingo 22 en México y en el hemisferio norte terminó un verano difícil y arrancó el otoño que, a pesar de ser comúnmente sinónimo de envejecimiento, de ocaso, en este caso se trata de la mejor temporada del año para la promoción de la bicicleta y la movilidad.

Voy a ponerles un pequeño calendario de muestra para que se den una idea somera de todas las actividades que vienen  y que para mí dan pie a este otoño que parece primavera.

SEPTIEMBRE
22 Día Mundial sin auto
22-25 #BicifestMH Festibal de la bicicleta en Miguel Hidalgo
25 Noche de Museos, rodada
29 Ciclotón

OCTUBRE
24-27 Sexto Congreso Nacional de Ciclismo Urbano en Morelia, Michoacán
27 Ciclotón

NOVIEMBRE
6-10 Bicycle Film Festival

Además, hay muchas otras actividades que pueden consultarse en la agenda semanal que sube Cletofilia, por ejemplo, una de las más completas y en la innumerable cantidad de blogs y cuentas de twitter y FB que hay sobre el tema del ciclismo urbano.

Así, que a disfrutar de este otoño, porque la bici viene rodando recio.

martes, 17 de septiembre de 2013

Un compromiso periodístico con la movilidad

Por Héctor Zamarrón*
Ciudad de México, Septiembre 12, 2013
Ser periodista es una elección que equivale de inmediato a comprar boleto de primera fila para la historia.
Si algo tiene de bello esta profesión es esa posibilidad de permitirnos presenciar, como testigos privilegiados, los acontecimientos que otros leerán o escucharán de parte nuestra a través de los medios.
Pero como los privilegios no llegan nunca sin obligaciones, esa cercanía con la realidad también nos compromete a reportarla, a transmitir con fidelidad nuestras observaciones, a cuestionar la misma realidad que tenemos enfrente y, sobre todo, a contrastarla con lo que ocurre en otras partes del mundo, en otras ciudades.
Nuestra posición como periodistas ante la sociedad equivale a la de aquellos exploradores de la antigüedad quienes, al regreso de sus viajes por los confines más remotos de la Tierra, sacaban de sus alforjas objetos extraordinarios y por las noches, al calor del hogar o reunidos en torno a una fogata, relataban historias extraordinarias, casi increíbles a no ser porque podían acreditar cada una de ellas con sus recuerdos, anécdotas y con los viajes de otros más tarde a los mismos lugares.
Reportar la movilidad hoy en día y los fascinantes temas que a su alrededor se despliegan es un privilegio y un compromiso para nosotros los periodistas frente a ustedes: actores, investigadores, funcionarios, políticos, activistas.
En los medios tenemos que valorar doblemente la posibilidad de escribir sobre las tendencias y prácticas asociadas a este nuevo derecho humano que recuperamos, el derecho a la movilidad, gracias al estado tumefacto que adquiere el tráfico en nuestras ciudades.
Reportar la movilidad es también asomarnos a esa parte de la sociedad que es más sensible a la adopción temprana de cambios, donde observamos como primicia lo que más tarde puede volverse general.
Si antes era raro en la ciudad de México ver a un clasemediero en bicicleta, ahora no lo es tanto gracias a la promoción intensa que se ha hecho de ese medio de transporte en los últimos años, pero también a la lucha que individuos y organizaciones dieron para que esto fuera posible (Bicitekas e ITDP, entre ellos).
La presencia de la bicicleta en la ciudad casi despareció para los medios de comunicación porque los usuarios comunes –mensajeros, repartidores, obreros, comerciantes— permanecieron invisibles para quienes sólo tenían ojos para los automóviles.
Porque en estos tiempos en que la política y, sobre todo, la toma de decisiones en políticas públicas, pasan obligatoriamente por la discusión en medios, por la esfera pública de la que los medios son parte sustancial, si un tema se deja fuera es como si no existiera.
Por eso da gusto encontrar decenas de periodistas que a contracorriente hacen suyos los temas de la movilidad sustentable, que observan el uso de la bicicleta en los barrios más tradicionales, como Xochimilco y Tláhuac y redescubren realidades que habían quedado opacadas por la supremacía del automóvil.
Son estos periodistas, también, quienes visibilizan a una comunidad herida por la violencia que aqueja a todo el país, como es La Laguna, pero que en este caso usa las bicicletas y los paseos como una forma de contrarrestar ese miedo que anula la ciudadanía y las bicicletas, mariposas que son, se convierten en un desafío a quienes predican el credo de la muerte.
También es a través de las crónicas periodísticas como cobra dimensión la complejidad que implica deshacerse de ese obsoleto y caprichoso sistema de transporte que son los microbuses, populares hace años, en decadencia hoy en día.
Asomarse a los trabajos participantes es observar una incipiente generación de reporteros y cronistas que a diferencia de las tendencias dominantes, decidieron voltear a los temas de movilidad contando historias inspiradoras, reveladoras, críticas, que mueven a replicar lo aprendido.
Periodistas que al leerlos refuerzan mi convicción, cuando me preguntan si ha sido difícil mantenerse en estos temas, impulsarlos, pelearlos dentro de las redacciones, entrenando reporteros, sólo contesto, ha valido la pena, tanto como la invitación que nos hizo el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo para convertirnos en jurado de este premio.
Felicitaciones a los ganadores --Iván Ramírez, Dulce Ramos y Jesús Guevara, ganador y menciones--, así como un agradecimiento al resto de los integrantes del jurado: Onésimo Flores, Claudia Muzzi, Patricia Martínez y Verónica Ortiz, quienes otorgaron el premio tras revisar decenas de trabajos, basado en los criterios de la convocatoria; originalidad, manejo de fuentes, claridad, estilo y redacción, así como el impacto y aplicación local.

* Intervención en la entrega del Premio de Periodismo en Movilidad 2013 del ITPD

sábado, 3 de agosto de 2013

Del objeto al concepto


En el "parque de bolsillo" de avenida México, Coyoacán. Con ese nombre en el DF comenzaron a bautizar y remodelar pequeños espacios urbanos que pueden servir como remansos para los caminantes o, como en este caso, para quienes van en bici.

domingo, 28 de julio de 2013

Confesiones de un manubrio

Esto es personal, absolutamente personal a pesar de que no estoy hablando de mí, sino de lo que le ha pasado a la ciudad que me rodea y en la que vivo, por eso es que esta ocasión el post va dedicado a platicar un poco sobre quién es el autor del manubrio, es decir, de quien hace años conduce este blog-bicicleta.

Hace un par de semanas recibí un correo de Zopi, la voz detrás del exitoso programa de Reactor 105.7 dedicado a la bicicleta: Bicitlán Radio, en donde me proponían una entrevista como parte de una serie que dedicaron a los periodistas que desde hace rato nos dedicamos a visibilizar el tema de la bici urbana. Sin pensarlo mucho acepté y unos días más tarde tenía frente a mí a un colega periodista-ciclista, sólo que esta vez la grabadora estaba de su lado.

Lo primero que hizo Zopi fue preguntar cómo definía a este blog y quién era yo. A partir de ahí, lo que siguió fue una rica charla en donde, guiado por las preguntas, fui obligándome a reflexionar sobre mi propia historia como promotor del ciclismo urbano en la ciudad de México y, al mismo tiempo, por mis años con la bicicleta, desde aquel romance infantil y juvenil hasta los años recientes en que incluso he dejado de llamarme "ciclista urbano" para ser sólo un ciudadano que utiliza la bici y reclama su derecho a transportarse en ella con condiciones de seguridad y equidad en nuestras calles.

Comencé este blog en 2008 después de intentar con unos amigos hacer una revista dedicada a esa nueva tendencia que veíamos asomar en la Ciudad de México. Tras descubrir que a ellos les interesaban más las bicis de montaña y las noticias corporativas, novedades técnicas y demás, decidí que lo mío era seguir en solitario por estos caminos pues a mí me interesaba más lo que ocurría en la ciudad alrededor de la bicicleta.

Para entonces llevaba casi una década metido en el tema de los ciclistas urbanos, publicando sobre lo que hacían grupos como Bicitekas, Bicimensajeros, Arriba’e la chancha y Los Furiosos ciclistas en Chile, el Critical Mass de San Francisco, Andando en Bici Carajo de Perú. Era difícil justificar para mis editores y directivos en la sección ciudad del Reforma que insistiera tanto en el tema pero a la larga demostré siempre tener motivos y razón suficiente para darle espacio a estas noticias.

A partir de entonces me convertí en testigo y a veces protagonista de los cambios que ha vivido la ciudad de México, en camino de ser una biclycle friendly city. Parte de esos cambios los resumí en un texto largo que pueden leer aquí: La bicicleta es lo de menos.

Por esos motivos, la entrevista con Zopi, cuya liga encuentran abajo, fue catalizadora de muchas ideas pero en vez de seguir con más rollos, les dejo el audio, en seguida. Enjoy!


Nota: Todo el programa vale la pena, pero si gustan saltarse directo a la entrevista escuchen a partir del minuto 27.




PD. El título del post fue plagiado de uno de mis autores favoritos, Henrich Böll, súper recomendable.

domingo, 5 de mayo de 2013

Conflicto de identidad

Hay ciclistas urbanos que no toleran nada que tenga que ver con las motos, es más, las detestan. A otros no nos disgustan tanto y hasta llegamos a usarlas alguna vez porque también se disfruta ir sobre un caballo de acero con el viento en contra, con tu cuerpo controlando el equilibrio.
Sólo que hay quienes se quedan a medio camino, ni bici ni moto, en plena crisis de identidad. Ahí sí, ni para dónde hacerse, como este artefacto estacionado en la calle de Aguayo, en pleno centro de Coyoacán.


miércoles, 27 de marzo de 2013

Los olores de la noche

Cuando vuelvo a casa tarde en la bici --y cuando digo tarde es cerca de la medianoche--, a veces me llega un repentino aroma que asalta mis sentidos de una forma increíble. Es decir ¿cómo es posible que en medio de la ciudad de repente puedas percibir el sutil perfume de los jazmines al cruzar junto al jardín de algún vecino? O que de repente te sorprenda descubrir en el aire el fresco olor a pan que emana de alguna panadería trabajando en las altas horas de la noche. En ocasiones puede ser la esencia de un "huele de noche", o los azahares de un limonar en flor por la llegada de la primavera. Un momento te llegar el olor de la carne al pastor asándose lentamente en el trompo de una taquería para desvelados o el de un recocido pozole rojo bueno para terminar una noche de borracheras. 


Así, mientras avanzo en medio del asfalto, me pongo a pensar en cuán poco utilizamos conscientemente ese otro de nuestros sentidos, el olfato. En cuán dependientes somos de la vista para disfrutar de la vida, para tomar decisiones, del pensamiento abstracto. 

Sé que a veces es terrible experimentar un aroma penetrante e inescapable, como los humos del escape de un camión que aprovecha la oscuridad para soltar no sólo su pestilente estela de hollín, aceite y gasolina, sino además el escandaloso ruido de su escape estremeciendo la noche. 

No siempre son olores agradables, cierto, pero justo el contraste hace que apreciemos lo bello. La experiencia del placer es un espejo del dolor, como el gusto se hermana con su opuesto y así, a la vida le sigue la muerte y un largo etcétera, etcétera en un rollo filosófico que no me toca discutir aquí. 

Hay para quienes el olor a leña o a tierra mojada les evoca añoranzas, nostalgias. A otros, es el mar con su perfume de mujer-sirena que les atiza los sentidos, pero no quiero perderme en una espiral sin fin de aromas, prefiero regresar al comienzo, a esos olores que me llegan en la bici como otra forma de percibir, de exaltar los sentidos. Una manera diferente de conectarse con el mundo, a través de los olores, tal y como hace el sommelier, el catador de café o esas esposas que para determinar si la ropa está sucia se la llevan a la nariz. 

Así que avanzo, lentamente, entre azahares que me confirman que estamos en medio de la primavera y entonces sólo dejo que el mundo penetre mi cuerpo por la nariz, con esos olores nocturnos que me llevan a querer más la bici, por permitirme esa experiencia.

jueves, 21 de febrero de 2013

De León a la Cámara de Diputados en Bicicleta. Rosa Elba Pérez

Rosa Elba Pérez no es la primera política en subirse a la bicicleta y al paso que vamos no tardarán en sumársele otros. Desconozco su actividad política antes de este post, sólo sé que pertenece al Partido Verde y que acaba de anunciar su decisión de trasladarse de su casa en la colonia del Valle hacia la Cámara de Diputados, en San Lázaro, a bordo de la bicicleta eléctrica con la que aparece en la foto de ADN Político.


Foto: ADN Político/ Imelda García
Elba vive en la capital desde el año pasado que compitió y ganó su curul de mayoría en León, Guanajuato, donde lleva cinco años impulsando políticas en favor de la movilidad, según asegura, y de protección de áreas verdes. Después de todo, esa ciudad es una meca en el ciclismo urbano desde hace años, además de que Elba estudió en Georgetown, Washington, donde también ha cobrado auge el uso de la bicicleta urbana.

 Y tal parece que sí busca convertirse en la "bicidiputada", pues ofrece promover iniciativas en la Cámara de Diputados en favor de infraestructura ciclista. Habrá que ver si cumple. Mientras tanto, por si quieren seguir su cuenta de twitter es @rosaelba3 y aunque no es muy activa. ahí podrán enterarse de cómo en septiembre pasado promovió crear una Comisión Especial de Movilidad Sustentable (aún no sé si pasó, ya le preguntaremos). Además, cuenta con una página web, bueno, ahora quién no ¿verdad? Y menos aún si se es diputado federal.

Por ahora, quizá puedan sugerirle otra ruta para llegar a San Lázaro que no sea Universidad y la lateral de Viaducto, como planea hacer, según cuenta la nota de ADN que cito más arriba. Se me ocurre que puede ser mucho mejor bajar hasta Fray Servando y aprovechar la nueva ciclopista, o tomar el Eje 2 Sur (Taller) hasta la Viga, en fin, ustedes saben mejor.

La "bicidiputada". Foto: PVEM

lunes, 11 de febrero de 2013

Monterrey, Pueblo Bicicletero y la bici en un documental

Ver "Primer corte del documental No Motorizado [Un-Engined]" en YouTube

"Les compartimos el primer corte del documental producido por estudiantes de la Facultad de Artes Visuales de la UANL sobre el ciclismo urbano y el trabajo de Pueblo Bicicletero en el Área Metropolitana de Monterrey. Es un primer avance del proyecto que aún se encuentra en producción.

La sinopsis:

"En una ciudad tan contaminada y peligrosa como Monterrey un grupo de personas nos muestra una manera de solucionar los problemas ecológicos y sociales que azotan a su comunidad por medio del uso de la bicicleta y la conciencia ciudadana".

viernes, 14 de diciembre de 2012

El hotel y la bici chic

Cuando en un hotel como el Presidente Intercontinental de Polanco (180 dlls la noche) te ofrecen bicicletas urbanas como parte de las amenidades, no cabe la menor duda de que la bicicleta se ha vuelto chic, es decir, ya rebasó la iniciativa de los grupos de ciclistas urbanos y de funcionarios atrevidos que impulsan la bici como política publica. A estas alturas, una bici está a punto de volverse sinónimo de estatus. Y no es que eso me encante, pero sin duda que ayuda a las causas ciclistas.

domingo, 9 de diciembre de 2012

domingo, 2 de diciembre de 2012

domingo, 25 de noviembre de 2012

También al sur se rueda

Chiapas Hoy
Hoy 13ª edición de Vía Tuxtla Recreativa
25/11/2012 02:06:00
Con el propósito de fomentar la convivencia y la integración familiar, el Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, en coordinación Tuxtla en Bici, Chiapas Sobre Ruedas, Insolente Chiapas, Manatíes del Grijalva, Procan, Chiapas Sobre Ruedas y la iniciativa privada realizará hoy 25 de noviembre la 13º edición de la Vía Tuxtla Recreativa, de 8 a 11:30 de la mañana.

Caminando, corriendo, en bici, patineta, silla de ruedas, con los amigos, con la mascota o con la familia, los tuxtlecos podrán disfrutar de este gran circuito deportivo sobre la Avenida Central en el tramo que comprende el Parque de la Juventud a la sexta oriente.




viernes, 16 de noviembre de 2012

Sueños sobre ruedas, el libro, la expo y mi "mariposa"

Quizá alguno de mis tres lectores (tomo prestada la expresión de un colega) se enteró por otros medios de la presentación del libro que editó la Revista Marvín y la Secretaría del Medio Ambiente del DF para narrar la experiencia de lo que ha sido la revolución ciclista que hemos vivido en los últimos años.

Pues la presentación del libro se realizó el jueves pasado en Chapultepec, en una de esas monas bahías que hicieron a la entrada sobre Reforma (por cierto, en una de ellas hay cafetería y hasta librería). Y como ya es público, les dejo aquí la liga al libro en PDF, por si quieren desacargarlo o leerlo en línea: Sueños sobre ruedas.

¡Ah! Y me olvidaba, pues incluye un capítulo mío.
La portada del libro




Y para quienes prefieran leerlo aquí mismo, pues copio el texto completo.




La bicicleta es lo de menos
 lo que importa es mi mariposa
Por Héctor Zamarrón

Nunca amanece de inmediato. Esos minutos que transcurren entre la primera luz del día, tenue, débil, apenas abriéndose paso entre las sombras, hasta que la claridad del sol se impone, son lentos y, en ocasiones, desperantemente lentos. También se van llenado de colores y tonalidades atractivas, intrigantes, como si la luz del día pudiera arrepentirse y echarse para atrás, dejando que la oscuridad volviera de repente, pero al final se abre paso, radiante.
Así, con esfuerzos tan variados como la gama de colores que nos trae el día, desde aquellos débiles, tibios a veces, aislados, hasta las medidas arrojadas, decididas, sin vuelta atrás, hemos vivido estos últimos seis años en que la ciudad de México comienza a despertar al uso de la bicicleta.
Quizá sea forzar mucho la metáfora, pero a veces, concentrados en el espacio de un sexenio, nuestro grillete temporal para las políticas públicas, el horizonte temporal se restringe por aquello que puede lograrse durante un periodo de gestión.
Para marzo de 2007, cuando las políticas en favor de la bicicleta en la capital se restringían a dos ciclopistas aisladas y sin continuidad, vino un anuncio que sorprendió a muchos de nosotros. El nuevo Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, se comprometía a impulsar medidas que fomentaran el uso de la bicicleta y, no sólo eso, sino que para poner el ejemplo, él mismo viajaría el primer lunes de cada mes de su casa a la oficina. Además, pidió a sus funcionarios hacer lo mismo.
Era parte de una serie de políticas públicas innovadoras que ponían el acento en otro tipo de movilidad no motorizada y, por lo mismo, a la prensa y a los capitalinos le tomó su tiempo comprenderlas y aceptarlas, tras un periodo de escepticismo y adaptación que poco a poco ha sido superado.
Veníamos de un gobierno previo donde sólo hubo un atisbo, un guiño acaso, hacia la demanda ciudadana que reclamaba desincentivar el desmedido uso del automóvil y comenzar a favorecer otras opciones de movilidad, como la bicicleta. Exigencia impulsada en mucho por grupos ciudadanos muy activos, como los Bicitekas, por ambientalistas y expertos en desarrollo urbano, así como por algunos medios de comunicación, como Reforma, que insistían en el tema un día sí y al otro también.
El motor que impulsaba a esos pioneros era lo que sucedía en ciudades como Copenhague, Portland, Montreal, San Francisco y Bogotá, que se habían convertido en verdaderas mecas del ciclismo urbano y de políticas públicas innovadoras. Abanderaban demandas comunes con grupos de Chile, de Barcelona, que incluían la visión de un nuevo urbanismo, de alcaldes convencidos de hacer algo por sus ciudades, más allá de las obras faraónicas en pro del automóvil, de arquitectos jóvenes con la convicción de invertir las prioridades del espacio público.
Coincidieron entonces, en aquel 2007, una corriente propicia para impulsar una nueva forma de movilidad y el anuncio que hacía Ebrard. Lo difícil entonces era prever qué tan a fondo venia la apuesta por la bicicleta en el DF y hasta dónde nos llevarían esos impulsos iniciales.
Ese marzo de 2007, mientras en el DF se daban a conocer los primeros pasos para considerar el transporte en bicicleta como una alternativa real, en Barcelona, nacía uno de los primeros sistemas de bicicletas públicas en el mundo (Bicing) y tan sólo unos meses más tarde, París estrenaba en julio su programa Vélib (acrónimo de Vélo y Liberté, bicicleta y libertad), quizá el más ambicioso de su tipo hasta esa fecha, con 7 mil bicicletas de alquiler distribuidas en el centro de la ciudad disponibles para sustituir los traslados cortos en taxi o automóvil por bicicletas de alquiler. A esa iniciativa del alcalde Bertrand Delanoé siguieron, por cierto, otras también replicadas en el DF, como las playas públicas a las orillas del río Sena o la noche de museos conocida como Nuit Blanche (Noche blanca).
Esos sistemas de alquiler de bicicletas nacían en medio del rechazo y escepticismo de ciudadanos acostumbrados a considerar el automóvil como la única forma viable de transporte, y de críticas en los medios hacia la “ingenuidad” de sus gobernantes peor que, con el tiempo, demostraron su aceptación en decenas de ciudades en todos los continentes.
Algo estaba cambiando en el mundo, un nuevo aroma se esparcía en el aire y había que estar listos para percibirlo, para participar de un cambio completo de concepción sobre nuestra vida en las ciudades y nuestra relación con el espacio público. Tras un siglo de predominio del automóvil privado en las urbes, desde su creación a principios del siglo veinte, por fin reaparecía la bicicleta, colocada no como un vehículo para los pobres, sino como una opción real de transporte y adecuada a los tiempos modernos.
Y ese aroma llegó a la ciudad de México.
Aún no existía la Estrategia de movilidad en bicicleta, el documento macro que sirvió de base para el diseño de las políticas públicas que transformaron el panorama urbano y la relación de los habitantes de la capital con las bicicletas. Tampoco se habían lanzado programas como Muévete en bici, el Ciclotón, elPaseo dominical sobre Reforma, la Ciclopista modelo construida sobre esa avenida a costa del espacio antes destinado a estacionamiento de los automóviles y, por supuesto, aún no soñábamos con Ecobici, fase uno y menos la dos o la tres. El cambio apenas iniciaba.
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Casi seis años más tarde, el panorama es radicalmente distinto. Entre una fecha y otra vivimos una revolución que transformó la forma en que nos movemos y, si bien, aún es sólo para una minoría, muestra que hay opciones diferentes a las que durante décadas nos impusieron los planificadores urbanos, los ingenieros viales y los promotores del automóvil.
Diferentes colonias como Polanco, la Condesa, la Roma, la del Valle, el Centro, se llenan de bicicletas por las mañanas y tardes de jóvenes que van y vienen desde y hacia su trabajo. Ecobici se ha vuelto parte del paisaje en la zona centro, el Paseo a Ciegas --la iniciativa para compartir la bici con débiles visuales--, de tan ejemplar, se ha copiado y exportado a todo el mundo.
Ahora hay una Cruzada nacional para fomentar el uso de la bicicleta, los paseos dominicales impulsados en Reforma, que llegan a reunir a más de 30 mil personas, han sido copiados en ciudades de todo el país.
Como hongos tras la lluvia, todas las noches de la semana en la capital hay paseos en bicicleta independientes y miles de ciudadanos se organizaron en grupos que pululan en la red y en las redes sociales, tanto que ya existe una red nacional de organizaciones que impulsan el ciclismo urbano, la Bicired, que cada año se reúne en un congreso que crece exponencialmente entre una ocasión y otra.
Organismos como el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, el Centro de Transporte Sustentable, instituciones como el IPN y la facultad de Arquitectura de la UNAM y organismos privados hoy fomentan este tipo de transporte
En el Museo de Historia Mexicana en Monterrey se organizó la exposición "La bicicleta, rueda que rueda. Historia, tradición, utopía" y acaba de terminar la Biciexpo 2012, cuyo crecimiento ha sido exponencial desde su primera edición.  
También ya es posible viajar en metro los domingos con bicicleta, después de largas pero al final exitosas gestiones, y es posible subirse todas las noches en la red de Metrobús –que tampoco existía hace seis años. Tenemos un carril Bus-bici en construcción en la avenida Félix Cuevas y proyectos para varias ciclovías y ciclorrutas de carril compartido, como los que ya existen en la delegación Coyocán.
En muchas colonias surgen nuevas tiendas de ciclismo urbano e incluso se ha vuelto una herramienta utilizada por los publicistas para promover ideas y productos.
Es un recuento somero, pero que apunta hacia la existencia de un mercado robusto de oferta y demanda de lo que antes se llegó a ver con desprecio: ese vehículo de tracción humana y dos ruedas, inventado por Da Vinci en el Renacimiento y al que Óscar Patsi (La revolución de las mariposas) gusta de llamar mariposas, porque con su pedaleo armonioso respetan el aire que respiramos frente a los rinocerontes urbanos, los automóviles, ruidosos, pestilentes y contaminantes.
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Vivimos una revolución sobre ruedas porque cuando desde el espacio de las políticas públicas se le otorga la misma prioridad al usuario de una bicicleta de mil pesos que al dueño de un automóvil de un millón de pesos, la bicicleta se vuelve un poderoso símbolo de equidad, como lo apuntó uno de los innovadores en la materia, Enrique Peñalosa, ex alcalde de Bogotá y quien, junto con Antanas Mockus, le cambiaron el rostro a esa ciudad.
Porque cuando en la administración pública se prioriza al peatón y al ciclista y se toman medidas que podrían parecer impopulares –como reducir un carril a los automóviles en pleno Reforma para instalar una ciclopista— se trata también de equidad, de democracia. En una sociedad desigual, llena de contrastes, el sitio de encuentro es el espacio público, donde confluyen todos y cualquier decisión de gobierno que apunte a fortalecer y mejorar el espacio público debe ser respaldada.
La gran paradoja es que esta revolución nos llega antes incluso que ciudades como Londres y Nueva York, cuyos gobiernos y sociedades están volteando apenas hacia la misma dirección que la ciudad de México.
Para coincidir con los Juegos Olímpicos de 2012, el alcalde de Londres Boris Johnson inauguró en julio las primeras bicicletas públicas de alquiler en esa ciudad, las Barclays bikes –por el nombre del banco que las patrocina— con 5 mil bicicletas y 315 estaciones y con la expectativa de convertirlas en un símbolo local, como lo son sus famosos taxis negros, sus autobuses de doble altura y sus cabinas telefónicas rojas.
En las calles del centro de Londres se volvió común que convivan autobuses, autos y bicicletas –y no sólo las de alquiler. No sólo se vive un boom parecido en la movilidad en bicicleta, sino que se construyeron “autopistas ciclistas”, es decir, rutas de entre 4 y 13 kilómetros exclusivas para los conmmuters, aquellos que viven fuera de la zona centro pero trabajan en esta. 
También se aplicaron otras medidas radicales como el “cargo por congestión” o, en otras palabras, la obligación de pagar una cuota especial para los automovilistas que busquen ingresar a la ya de por sí congestionada zona centro de la ciudad.
En Nueva York, donde también se experimenta una acelerada transformación de esa urbe para adaptarla al uso de la bicicleta, en marzo de 2013 prevèn arrancar su sistema de bicicletas públicas, con 600 estaciones y 10 mil bicicletas de alquiler en Manhattan, Brooklyn y Queens. El Departamento de Transporte de la ciudad reporta un crecimiento del doble de ciclistas entre 2007 y 2012, prevé triplicarlo para 2017 y acaba de terminar la construcción de 320 kilómetros de ciclorrutas en las calles de la ciudad.
Así que nuestra revolución ciclista no va sola en el camino, quizá incluso comenzó antes que otras metrópolis, pero puede quedarse corta pronto si como actores sociales no aceleramos el paso, lo mismo ciudadanos, activistas, medios de comunicación, iniciativa privada y autoridades, es decir, hay que pedalear más fuerte, sin duda, o la revolución de las mariposas dará paso a la reversa.
Uno de los retos es, sin duda, darle estructura legal a estos cambios para evitar que sean reversibles en otro contexto político. Esto significa que hace falta transformar infinidad de reglamentos y leyes urbanas que dejan de lado el fomento de la bicicleta y, en cambio, favorecen la movilidad motorizada. Programas de desarrollo urbano, leyes de construcción, reglamentos para operar estacionamientos, normas oficiales, etc.
Contamos ya con un Manual de ciclociudades, auspiciado por el gobierno holandés y elaborado por el ITDP. Otro gobierno, el danés, patrocinó la exposiciónDreams on Wheels. También tenemos un Diplomado Internacional en Infraestructura Ciclista que la UNAM impulsa para aprender a diseñar, planear y operar la infraestructura ciclista. Además, hay que agregar el espléndido  Manual del ciclista urbano de la ciudad de México, elaborado por Bicitekas en coordinación con la Secretaría del Medio Ambiente del DF. David Byrne estuvo en México para promover sus Diarios de bicicleta y tuvimos por acá a Michael Colville, autor de Cycle-chic.
Es decir, el conocimiento y los saberes públicos, colectivos, alrededor de la movilidad en bicicleta y la infraestructura que esta necesita, así como las políticas públicas que las impulsan, están siendo organizados, reunidos y listos para transferirse mediante estos documentos, y otros más, listos para ser utilizados donde haga falta, sea otra ciudad, comunidad o empresa. Lo importante es que sea como las mariposas, una rueda libre que no cese de rodar.
En todo esto, sólo falta decir que la bicicleta es lo de menos y que podríamos incluso sacrificar esa sensación de plena libertad que te da pedalear sobre la bici, con el viento sobre el rostro.
Porque lo que de verdad importa es que tras el impulso de la bicicleta hay una visión del mundo diferente, que ve posible la utopía de contar con ciudades hechas por y para la gente. Una visión de ciudades humanas donde la primacía la tengan el peatón y la bicicleta. Una ciudad donde el espacio público esté dentro de lo más preciado. Donde la equidad importe. Donde pedalear libremente sea posible. Una ciudad sobre dos ruedas, llena de mariposas porque, como Albert Einstein dijo en una de esas tardes calurosas en las que dejaba la oficina del California Institute of Technology y salía a andar en bicicleta: “La vida es como andar en bicicleta, para conservar el equilibrio hay que mantenerse en movimiento”.
octubre, 2012Ciudad de México

jueves, 15 de noviembre de 2012

En bici, Tijuana comienza a rodar sus sueños

Hace unos días estuve por Tijuana para visitar a unos buenos amigos y aunque no tuve tiempo de rodar ni de participar en alguno de los paseos que organizan, sí me pude dar cuenta de cómo el movimiento ciclista cobra fuerza de a poco, pero constante, con paseos nocturnos, dominicales, mensuales, por zonas, etc. (Bicijuana tiene una relación de más de 25 paseos a la semana), rutas guiadas para turistas y locales que quieran conocer sitios históricos de la ciudad http://www.tijuanabiketours.com/eng/, una ONG como Biciestación, renta de bicis, rallyes bicicleteros, etcétera, además de unos maravillosos paseos hacia Ensenada por la carretera escénica con el mar Pacífico de fondo, es decir, toda una abundancia de iniciativas que, estoy seguro, terminarán por hacer de TJ una meca ciclista en el norte del país.

Parte de toda esta revolución local, la narró una colega, Mariana Martínez, en un texto que publicó para SanDiegoRed.com y que a continuación reproduzco aquí, con su autorización:



Movimiento ciclista se consolida en Tijuana


Una decena de bicicletas amarillas brillan bajo el sol de medio día en plena avenida Revolución. Idénticas y en fila son el símbolo más palpable del movimiento ciclista que se consolida en Tijuana.
Detrás de las bicicletas está Arturo Viazcan, de 33 años, tijuanense de corazón y creador del concepto de Tijuana BikeTours; un lugar para rentar bicicletas y dar un paseo por la zona centro, conociendo su historia y sus calles.
Ofrece visitas guiadas por la zona centro y sus rutas gastronómicas y con las ganancias logra sufragar los gastos de su proyecto independiente, Bici Estación; un proyecto comunitario que promueve el uso de la bicicleta por medio de apoyo en mecánica y mantenimiento de bicicletas y organizando paseos grupales en la ciudad, incluyendo en el Parque Industrial Pacífico, Playas, Otay y Santa Fe, así como zonas consideradas conflictivas como el Refugio o la colonia Mariano Matamoros.
El grupo se organiza y comunica a través de Facebook, los participantes —que incluyen grupos que vienen de San Diego— se reúnen en un punto estratégico al que vuelven hasta tres horas más tarde.
El local ubicado en plena avenida Revolución está equipado con herramientas y bombas de aire para arreglar bicicletas, un par de sillones donados y una máquina de sodas. Arturo busca que se vuelva un lugar de encuentro y descanso para los ciclistas.

“La idea no es la de un negocio en la que si no estás consumiendo te corren”, dice Viazcan. “Todo lo contrario, que sea un espacio habitable, vivo, donde la gente venga a convivir”.
A tres meses de estar abierto el lugar no ha tenido muchos clientes. Lo que sí ha sucedido es que se ha vuelto un escaparate para el activismo de los ciclistas.
Recién supieron del proyecto le pidieron a Arturo que donara una bicicleta al Museo de Historia de Tijuana y un regidor local está pidiendo al congreso local cuatro mil dólares para colocar 30 estaciones con herramienta de arreglo de bicicleta en gasolineras y tiendas de autoservicio en el paso de rutas usadas por ciclistas.
Y es que Tijuana, a pesar de ser la cuarta ciudad más grande de México, tiene un transporte público especialmente caro e ineficiente, carece de servicio de metro o trolley, y tiene flotillas viejas y contaminantes que se suman a los autos privados que suelen ser también viejos y estar en mal estado.
Tijuana Bike Tours (TBT) y Bici Estación se insertan en una tendencia mundial de promoción del ciclismo en entornos urbanos, influidos por el ejemplo de las ciclovías de Guadalajara, Ecobici en la Ciudad de México y los grupos de bicicleteros de California, como Critical Mass, que utilizan los paseos masivos como forma de protesta por la falta de vías adecuadas para este medio de transporte.
A unas cuadras de TBT se acaba de abrir un café llamado Bica cuyo tema es el ciclismo y los dueños del bar Mustache y las pizzas Al Volo, también buscan promover esta actividad poniendo lugar donde colocar bicicletas afuera de sus locales y dando descuentos y cortesías a los usuarios que lleguen por ese medio.
Viazcan está lejos de ser un atleta, de hecho, hasta hace cuatro años no se había subido a una bicicleta desde niño, pero en un viaje a Guadalajara, entró por casualidad a un Congreso de Ciclismo Urbano y se prendió de la idea de usarla como transporte y de ser un modo de adueñarse de la ciudad.
Entonces se unió a un grupo en Tijuana llamado Ciclopista que desde hace 17 años organiza paseos urbanos nocturnos por la ciudad para promover el ciclismo como transporte; de este grupo cuyos participantes pueden llegar a ser 700, se han desprendido otros paseos incluyendo Ladies First (Las Damas Primero): un paseo concentrado en atraer mujeres al ciclismo, donde las más experimentadas dan clases de mecánica a las nuevas.
Entre las organizadoras de Ladies First involucrada en el proyecto de Bici Estación está Irlanda Muñoz, de 39 años, modista y madre de un niño de ocho años. Lleva ya dos años organizando paseos por la ciudad. “Desde que tomé la decisión de usar la bicicleta como medio de transporte todo ha sido diferente, disfruto de otra manera la ciudad”, cuenta Muñoz, “mis clientas se sorprendían cuando llegaba a probarles un vestido montada en bici y con casco pero ahora ya saben que no le pasará nada a su prenda”.
Ahora Muñoz está estudiando historia de Tijuana y pedagogía.
“Traemos la idea de ofrecer tours históricos en bicicleta a muchachos de secundaria” explica.
Entonces la bicicleta además de transporte será un vehículo de aprendizaje en una ciudad donde los estudiantes tienen muy pocas oportunidades de conocer la historia.
“Contrario a lo que piensa mucha gente, Tijuana es una ciudad amigable con los ciclistas, donde nos dan el paso y convivimos relativamente en paz con los automovilistas” cuenta Viazcan. “La gente pita, saluda y pregunta ¿cómo le hago para participar? porque no se les había ocurrido que esta ciudad puede ser recorrida en bici”.
El proyecto Tijuana BikeTours ya sufrió su primer descalabro cuando a un mes de abierto el lugar se robaron una de las bicicletas que llevaba Viazcan en la cajuela del auto.
“Es una bicicleta amarillo brillante de una marca muy poco común que se llama Gran Royale, quién se la robó la puso rápido a la venta y al día siguiente ya tenía comprador por internet” cuenta Viazcan.
“Pero yo había hablado del robo en FB y mucha gente reprodujo el mensaje y lo difundió, la esposa del comprador vio el anuncio y le dijo “tienes que regresarla” y ese mismo día me la devolvió; me la regaló, no me dejó ni pagarle lo que él había pagado por ella”.
Esa experiencia le ha dado aliento a Viazcan, porque aunque admite que por ahora casi nadie le renta bicicletas, se siente apoyado ya que la gente de Tijuana está entusiasmada de tener algo así en su ciudad.
“Por experiencias como la de esa bici es que yo le sigo invirtiendo a este sueño”.


Y aquí dejo otro texto también de Mariana Martínez sobre las bicis en TJ: 

El ciclismo como un medio saludable en Tijuana


Liga al Paseo de Todos Tijuana